jueves, 18 de enero de 2018

La historia del primer alcalde de Lima

 Juan Luis Orrego Penagos (Historiador)


La aventurera vida de Nicolás de Ribera. Vino con Francisco Pizarro y fue uno de los famosos trece de la isla del Gallo.
En sus casi tres siglos de dominio hispano, Lima o la Ciudad de los Reyes tuvo doscientos ochenta y siete alcaldes, que gobernaban durante un año con un suplente, a semejanza del cabildo de Sevilla. De esa larga lista, el único que sobrevive en la memoria de algunos limeños es Nicolás de Ribera, apodado El Viejo, primer alcalde en 1535, año de la fundación española. Repitió la gestión en cuatro oportunidades más: 1544, 1546, 1549 y 1554.

Nicolás de Ribera "El viejo"
UN DAMERO
Su historia no queda allí. Sabemos que junto a Diego de Agüero, y bajo las indicaciones topográficas de Juan Tello, Ribera fue uno de los “trazadores” de la nueva urbe. A ellos se debió que Los Reyes fuera diseñada en forma de una cuadrícula o damero, como los campamentos romanos. Debió ser complicado adaptar las 117 manzanas que proyectaron por la prexistencia de adoratorios, caminos y canales prehispánicos. Decidieron arrimar la plaza cerca del río, no al centro del damero, y solo 62 manzanas fueron cuadradas.
Asimismo, parece que Ribera fue determinante para elegir el primer nombre de la ciudad, pues escribió en un documento que cita José A. del Busto: “se intituló la ciudad de los rreyes porque fue el día de los rreyes quando salieron a ello”. La original nomenclatura, pues, se debió a la decisión de erigirla el 6 de enero, festividad de Reyes.     
El siguiente aporte de Ribera a la ciudad es más complejo, pues fue su autoridad o vecino por casi treinta años, hasta su muerte en 1563. Tuvo que afrontar las amenazas de las huestes de Manco Inca así como los pleitos entre pizarristas y almagristas. Recibió al primer virrey, Blasco Núñez de Vela, pero no aceptó su autoridad y se opuso a la abolición de las encomiendas, pues había recibido una repartición de indios en Pisco.


ASPECTO RURAL
La Lima de don Nicolás debió tener un aspecto hosco, con la picota enclavada en la Plaza de Armas con las cabezas decapitadas de los caudillos rebeldes. Una ciudad todavía rural, con senderos arbolados que daban ingreso al damero, con huertas y jardines floridos, ruidosas acequias y casas bajas, de adobe, sobre las que asomaban las bóvedas de los templos, como la primitiva catedral, con sus sencillos campanarios.

EL PRIMER VECINO
Nuestro personaje nació en 1492 en la villa de Olvera (Cádiz). Cuando pasó a Indias se asentó en Panamá. Allí conoció a Pizarro y a Almagro, y pronto se enroló en la empresa del descubrimiento del Perú. Estuvo en el primer viaje como tesorero del rey y en el segundo formó parte de los trece de la isla del Gallo que se negaron a abandonar a Pizarro.


A su fama de lealtad con la “hueste perulera”, se añadió la de conciliador, especialmente en las disputas entre Pizarro y Almagro. No estuvo en la captura de Atahualpa, pero llegó con Almagro a Cajamarca en 1533. De gobernador de Jauja bajó a la costa y fundó un pueblo de españoles en Pachacamac y otro en Sangallán, cerca de Pisco, llamado “Lima la Vieja”. Presenció la ceremonia de fundación de la Ciudad de los Reyes, aquella mañana calurosa del 18 de enero, y fue escogido su primer burgomaestre.

El solar que le correspondió se ubicó al costado de la plazuela de Santo Domingo. La fachada de su casona daba a la calle de la Veracruz, hoy segunda cuadra del jirón Conde de Superunda, frente al convento de los frailes dominicos. Luego vivieron allí sus descendientes, los condes de Santa Ana de las Torres, quienes encargaron labrar la portada de piedra y tallar los balcones de cajón, que todavía existen, aunque muy remozados. A su muerte se le sepultó en la primera Catedral, en una capilla adquirida por él y su esposa, Elvira Dávalos y Solier. Cuando se hizo la nueva catedral, sus restos fueron trasladados a la Capilla de Santa Ana, en la nave de la Epístola. Antes de morir fundó, el 13 de mayo de 1556, el Hospital de Naturales de Ica.

FUENTE: EL COMERCIO

viernes, 1 de diciembre de 2017

Prácticas funerarias en el sitio arqueológico PALLKA -VALLE de Casma.


                                                                            Por: Lic. Ilder Cruz Mostacero

INTRODUCCIÓN
Los resultados de la investigación científica en el sitio Arqueológico Pallka, permitieron definir la secuencia cultural, determinar su función y entender los contextos funerarios, cuyas evidencias demuestran que las prácticas funerarias realizadas sirvieron para legitimar el rol y justificar el poder de una élite local, durante el Horizonte Medio, periodo marcado por continuas interacciones culturales. La complejidad de la arquitectura funeraria, la disposición de las ofrendas y el contenido iconográfico de las cerámicas encontradas en las tumbas, representan el prestigio personal y espiritual de los individuos enterrados y los procesos de integración política, económica e ideológica sucedidos en el valle de Casma, ello durante un periodo marcado por mecanismos ideológicos que promovieron una intensa interacción e integración regional. Asimismo, estos contextos, demuestran la formación de liderazgos políticos legitimados en tradiciones culturales locales y creencias ideológicas foráneas, las que permitieron innovaciones en el orden social y en el control económico interzonal ocurrido en el valle de Casma durante el Horizonte Medio.

En el estudio de los contextos funerarios no solo se trata de estudiar las técnicas, formas y materiales constructivos de las tumbas, sino también nos evidencia el entendimiento de las actitudes de una sociedad hacia determinados individuos o grupos de individuos, y por tanto captar los roles de éstos dentro del conjunto social. Desde épocas muy tempranas el hombre Andino tuvo una gran reverencia por sus muertos a los que les atribuían poderes mágicos, es por eso que en las sociedades prehispánicas tuvieron la idea de que el muerto recobraba la vida en el más allá, es por ello que dispusieron la creación de espacios específicos para la deposición de los muertos.

SITIO ARQUEOLÓGICO PALLKA.

1.- Ubicación política y geográfica.
Políticamente, el sitio arqueológico de Pallka, se encuentra ubicado en el Distrito de Yaután, Provincia de Casma, Región Ancash. Geográficamente, se ubica en la margen izquierda del Río Casma y se localiza en las coordenadas UTM – WGS - 84: N/ 8944226   E/170410 y a una altura de 712 msnm, aparece en la Hoja 20-h (Huaraz) de la Carta Geográfica Nacional. El sitio se extiende sobre un espacio de aproximadamente 2.4 km de largo (de Este a Oeste) por 0.7 km de ancho (de Norte a Sur); área que aparece conformada por terrenos elevados, con pendiente al Norte y con un relieve regularmente accidentado dominado por laderas rocosas y fondos de pequeñas quebradas y escorrentías (ver anexo n° 01).
Anexo 01: Mapa del valle de Casma con la ubicación del sitio arqueológico Pallka (Chávez: 2011).
El área arqueológica comprende tres sectores principales:

Sector I: Comprende la parte oriental del asentamiento y se caracteriza por mostrar un conjunto arquitectónico monumental, compuesto por una plataforma principal (de 60 mts de largo, por 40 mts de ancho, en la base y 12 mts de altura), una plaza circular hundida (de 15.50 mts. de diámetro), varias plazas rectangulares laterales y terrazas superpuestas. Estas edificaciones datan del Periodo Formativo (1500-500 a C.), presentando muros elaborados con piedras canteadas, de forma paralelepípeda o irregular, asentadas con mortero de barro. Al noroeste de estas construcciones se localizó un área funeraria prehispánica, depredada desde principios del siglo XX y que actualmente presenta abundantes fragmentos de cerámica Formativa, del Horizonte Medio y del estilo Casma. En esta parte del sitio, Tello (1956) registró un artefacto de hueso tallado del Periodo Formativo con la representación de un personaje zoomorfo sobrenatural.
Otro componente principal de este sector, es un conjunto arquitectónico (que cubre un área de 70 mts. por 50 mts.) compuesto por recintos contiguos, de planificación ortogonal y elaborados con piedras irregulares asentadas con mortero de barro. Este conjunto fue excavado parcialmente por Chávez (2011) y Suarez (2008), quiénes reportaron el registro de materiales cerámicos predominantemente Formativos asociados a espacios de función residencial y administrativa. Este sector, es atravesado de Oeste a Este por un camino prehispánico, cuya cronología sería contemporánea con los edificios previamente señalados. Este camino presenta un trazo adaptado a las irregularidades del terreno, midiendo entre 4 y 7 mts. de ancho. (Ver Anexo N° 2).

 Anexo 02: Foto panorámica del sector monumental del sitio arqueológico Pallka
Sector II: Muestra cabeceras de muros de recintos circulares y cuadrangulares, elaborados con piedras irregulares, además la presencia de cistas funerarias. En la superficie se ha registrado concentraciones de fragmentería cerámica que va desde el periodo Formativo (1500-500 a C.) hasta al Intermedio Tardío (1100-1450 d.C.), asimismo se registraron concentraciones de huesos y artefactos líticos. El camino prehispánico también atraviesa esta zona. En esta área también se registra petroglifos con diseños antropomorfos y geométricos.

Sector III: Este Sector muestra como elemento más resaltante la presencia de estructuras semisubterráneas en forma de galerías y cámaras funerarias, elaboradas con muros de piedra y adobe, para los techos de las galerías se utilizaron lajas de piedra de grandes dimensiones. En superficie, se registró la presencia de fragmentos de cerámica de diversos periodos culturales, predominando los fragmentos con rasgos estilísticos del periodo Formativo (1500-500 a C.), Horizonte Medio (800-1100 d.C.) y del Intermedio Tardío (1100-1450 d.C.). Asimismo en superficie se registraron concentraciones de huesos. Todo el sector es atravesado por el camino prehispánico. Además, en esta parte del sitio se registró la presencia de petroglifos con diseños antropomorfos estilizados, zoomorfos y geométricos, algunos elaborados en la roca madre y otros en piedras que están en la superficie de regular tamaño

2.- Las excavaciones realizadas en el sector III.
Las excavaciones se realizaron en la denominada Unidad de Excavación N° 14 y se iniciaron con el dibujo superficial y el registro altimétrico, registrándose estructuras arquitectónicas colapsadas, posteriormente se realizó el retiro del material de escombraje, teniendo en cuenta la presencia de los elementos arquitectónicos en superficie. Después de realizada esta actividad se pudo definir la estructura arquitectónica, la cual consistió en una cámara funeraria en la parte central y un muro delimitante formando corredores cuya medida de ancho entre este y la cámara funeraria es variable entre 1.10 mts y 1.35 mts. Para una mejor descripción de estos “corredores”, se los subdividió de acuerdo a su ubicación cardinal. (Ver anexo 03). 

Anexo 03a: Foto de la Unidad de Excavación 14, sector III del sitio Arqueológico Pallka, desde la esquina sureste. 

En el “Corredor Sur” solo se halló fragmentos de cerámica diagnóstica y la presencia de algunas quemas y muy cerca de la esquina Suroeste, se hallaron huesos humanos disturbados asociados a una pequeña figurina de madera. En el “Corredor Oeste”, se halló entre la tierra suelta 5 objetos líticos (01 martillo y 04 puntas de proyectil completas, confeccionadas en andesita y cuarcita; tres de las cuales tenía formas pedunculadas y la última en forma triangular con un adelgazamiento en la base y trabajado por ambos lados). (Ver anexo 04).

 Anexo 04: Foto de las puntas líticas registradas durante el proceso de excavación en el “Corredor Oeste”.
También se registró la presencia de quemas de tejidos y de ovillos de hilos de algodón. Además se encontró el entierro de un personaje al que le faltaba la pelvis, las extremidades inferiores, presentando brazo y antebrazo más no las manos. Este personaje no tenía ofrendas. (Ver anexo 05).

Anexo 05: Foto del entierro al que le faltaba la pelvis y las extremidades inferiores. 
En la esquina Noroeste del muro que conforma la cámara funeraria y muy cerca de la superficie, se registró una cerámica de color negro con motivos iconográficos asociados al Horizonte Medio (ver anexo N° 6)


Anexo 06: Vasija con motivos iconográficos del Horizonte Medio, donde se destaca la presencia de un personaje central erguida con representaciones fitomorfas.






El análisis iconográfico permitió identificar que en un lado de la cerámica presenta cuatro mazorcas de maíz (Zea Mays) bien definidas y dos motivos que se trataría de dos tubérculos (Manihot Esculenta), estos motivos están ubicados en la parte media superior de la cerámica. En el otro lado de la cerámica presenta los motivos principales considerando el tamaño y la ubicación y consiste en un personaje masculino de postura erguida (de pie), con los brazos extendidos cogiendo plantas de maíz en ambas manos, a ambos lados del rostro presenta mazorcas de maíz. De ambas axilas del personaje se desprenden motivos iconográficos fitomorfos que se los ha asociado posiblemente como Yucas (Manihot Esculenta). Muy cerca de la espiga de ambas plantas de maíz existen otros motivos fitomorfos que se les ha identificado como un probable ají (Capsicum Boccatum). El personaje presentaba un tocado (Gorro) de 04 puntas con líneas zigzagueantes, un collar, un Unku con motivos geométricos y un cinturón con representación de serpientes. Según Carrión (2005), se trataría del Dios de la fertilidad. “Entre los dioses de mayor rango teogónico del panteón peruano figura el dios de la fertilidad o dios agrícola, que sintetiza las fuerzas cósmicas favorables a la producción del suelo; controla las lluvias fertilizantes, el calor y el poder generador; y asume el dominio del mundo vegetal. Diferentes atributos o símbolos caracterizan sus variadas funciones, pudiendo ser identificadas estas por los emblemas que ostenta. (…), se presenta como un dios sembrador de semillas, como dios solar, como un dispensador de las lluvias o como protector de los principales frutos alimenticios, portando en las manos exuberantes plantas o protegiendo la abundante cosecha. Sus atributos son: la serpiente simbólica de las lluvias, el cinturón bicéfalo, que al ser agitado en el firmamento desata las aguas, los cetros o varas sagradas cargadas de poder germinativo, las semillas poseedoras de la fuerza generatriz que animará las plantas y el cetro que tiene diversas formas alusivas a su poder fertilizador o fecundante” (Carrión: 2005, 78). 
En la misma esquina Noroeste, formada por el muro norte y el muro oeste que forma los corredores, se halló un segundo entierro, masculino, en posición flexionada (las piernas hacia el pecho y la cabeza entre las piernas) que tenía como ofrendas un cuchillo de cobre y 2 piruros de cerámica, estaba protegido por una laja de piedra de forma circular.
En el “Corredor Norte”, se registró una estructura arquitectónica funeraria anexada (cista), la cual ya había sido disturbada, cuando se realizaron las excavaciones, solo en el proceso del tamizado se halló agujas de cobre y gran cantidad de cuentas de turquesa. En todo este corredor se registraron gran cantidad de huesos de camélidos disturbados, desarticulados y de diferentes partes del cuerpo, además se encuentran aplastados intencionalmente con piedras trabajadas por lo que no pertenecen a entierros de individuos completos, lo que hace suponer que solo fueron ofrendadas las osamentas y pertenecerían a entierros secundarios. Asociadas a éstas osamentas, se hallaron 04 vasijas de confección sencilla sin decoración (02 ollas y 02 cuencos).

Asimismo, se registró una botella, que presenta en ambas superficies la representación de un personaje en posición erguida, ligeramente encorvado, de perfil, en actitud de caminar, con la mano izquierda pegada al cuerpo y la derecha próxima al pecho que está sujetando una porra sobre el hombro; lleva un gorro amarrado a la parte posterior de la cabeza, que termina en una forma de abanico, también presenta un cinturón decorado con un motivo conocido como “chevron”. Del cuerpo y de la cabeza del personaje está totalmente circundado de rayos con proyecciones fitomorfas (pareciera una porra en forma de choclo) que salen como destellos, disponiéndose en un gran disco en forma de “S” (la que se relacionaría con las olas marinas o con los rayos). El mismo personaje se registra en el otro lado de la vasija con ligeras variantes en el tocado.
Según Carrión (2005), se trataría de una variación de la deidad Solar o un agente de él. “El dios de la fertilidad adopta el aspecto de una deidad solar, adornada de rayos dispuestos en círculo que simbolizan los destellos del astro luminoso cuando asume la función de protector del mundo vegetal. Bajo esta forma encarna el poder fertilizante del sol sobre la Tierra, materializado por rayos que se transforman en frutos (…). Estos rayos terminan en casi todos los casos en frutos de maíz, que mediante un proceso de idealización se convierten en cetros o bastones germinativos, simbólicos de su poder generador; y en porras cuyo puño tiene la forma de dicho fruto. El cetro es un atributo más importante porque está provisto de numerosos rayos que terminan en gérmenes vegetales o en frutos de maíz, es decir están cargados de potencia generadora”. (Carrión: 2005, 91 – 95).

Entre la esquina Noreste del muro que conforma la cámara funeraria y el muro que conforma el corredor se registraron 03 entierros. El primer entierro es de un adolescente que está en posición sentada con las piernas flexionadas hacia el pecho y la cabeza flexionada entre sus piernas, la columna fracturada para permitir la posición y la mano derecha flexionada y colocada a la altura del oído. Entre las ofrendas se ha registrado 03 piruros (dos de metal y uno de cerámica) que estaban dentro de su mano derecha, la cual estaba a la altura de su oído, un cuchillo de cobre, dos pinzas que estaban envueltas en tejidos de algodón y una cerámica que en el gollete presenta dos motivos decorativos cuyas representaciones son rasgos faciales. (Ver anexo n° 11 y 14). 

nexo 11: Foto de un entierro que está en posición sentada con las piernas flexionadas hacia el pecho
y la cabeza flexionada entre sus piernas, la columna fracturada y la mano derecha flexionada y colocada a la altura del oído.
El segundo entierro que pertenece a un niño, colocado en la misma posición que el entierro anterior y tiene solo 02 piruros de cerámica que también estaban dentro de su mano y a la altura de su oído.  Finalmente, el último entierro consiste en un neonato que por su estado de conservación no fue posible definir su posición y entre sus ofrendas solo tenía un piruro de cerámica.

Anexo 14: Cuchillo, Pinzas, agujas y piruros que formaban parte de las ofrendas del entierro anterior
En el “Corredor Este”, también se registró gran cantidad de huesos de camélidos disturbados y se destaca la presencia de un camélido completo que estaba asociado a dos artefactos líticos (una porra de forma circular y un objeto trabajado) y lo más resaltante es la presencia de una diadema hecha de plata y de cobre, decorada con motivos geométricos realizados con la técnica del repujado. 
Asimismo, durante las excavaciones se ha registraron 10 vasijas domésticas con predominancia de cuencos sin decoración. En este corredor también fue posible determinar la entrada a la tumba, que tiene 1.24 mts de ancho.

  Anexo 16: Foto del diadema hecha de plata y de cobre, decorada con motivos geométricos asociado al entierro del camélido. 
En la parte central de la estructura funeraria se descubre la cámara funeraria cuyas dimensiones son 1.26 mts de largo y 1.28 mts de ancho y estaba construida con piedras canteadas y mortero de barro formando muros con “cara vista”, el techo estaba construido con lajas de piedra y el piso estaba empedrado. En los cuatro lados de los muros presentaba hornacinas, y en ellas solo se encontró huesos humanos correspondientes a maxilares. A una profundidad de 2.12 mts del Datum y en el lado sur de la cámara funeraria, se registró la presencia de 05 cabezas humanas pintadas con cinabrio y en diferentes posiciones y algunos maxilares (ver anexo 18). 

Anexo 18: Foto de las 05 cabezas humanas pintadas con cinabrio y en diferentes posiciones y algunos maxilares. 
Entre las ofrendas solo destacan la presencia de gran cantidad de cuentas de turquesa y de concha y una vasija doméstica (cuenco) que se registraron muy cerca del piso, con estas cuentas, durante los trabajos de gabinete se pudo conformar collares. 
También se registraron, abundantes fragmentos de cerámica; ya en gabinete muchos de estos fragmentos tenían las mismas características de las pasta, por lo cual se procedió a unir dichos fragmentos, permitiendo obtener una vasija, la misma que en una de sus lados presenta la representación de un personaje en posición erguida y de frente con los brazos extendidos sujetando en la mano derecha a una planta de yuca (Manihot Esculenta) y en la mano izquierda una planta de maíz (Zea Mays). (Ver anexo 20). 

Anexo 20: Vasija con la representación de un personaje en posición erguida y de frente
on los brazos extendidos sujetando en ambas manos motivos fitomorfos. 
Asimismo, se registraron fragmentos de huesos trabajados (instrumentos musicales, instrumentos textiles y objetos muy parecidos a botones), restos malacológicos trabajados y algunos en proceso de elaboración y agujas de cobre.

COMENTARIO FINAL
La tumba identificada en la Unidad de excavación 14, sector III, del sitio arqueológico Pallka en el marco del “Proyecto de Investigación y conservación Pallka – Yaután” (PICAP), contenía 4 entierros completos registrados en los corredores norte (con ofrendas de cerámica, objetos de cobre y hueso), un entierro cuyas osamentas no estaban completas en el corredor oeste sin ofrendas y 05 cabezas de individuos pintadas con cinabrio en el interior de la cámara con maxilares que no pertenecían a las cabezas registradas y con una sola cerámica de ofrenda y cuentas elaboradas en turquesa y en spondylus. Asimismo, destaca la presencia de grandes quemas y gran cantidad de huesos disturbados de camélidos asociados a cerámica de manufactura sencilla y 3 cerámicas bien elaboradas con una iconografía cargada de significado religioso. Todo ello permite inferir que las cabezas presentes en la cámara central correspondería a entierros secundarios, que fueron trasladados exclusivamente para ser enterrados juntos lo cual se trataría de un clan familiar, que administraron las diferentes áreas del valle de Casma, con ayuda de una ideología muy difundida durante el Horizonte Medio (700 – 1100 d.C.).

Para analizar estas prácticas funerarias es necesario considerar la percepción de la muerte, desde una perspectiva de  la cosmovisión andina, y según los cronistas españoles (s. XVI), la muerte era concebida como un viaje a otra dimensión de la vida, era descender al inframundo y se entendía como un lugar misterioso, peligroso y de una eterna oscuridad, compuesto por multitud de caminos donde el difunto divagaba y fácilmente podría perderse, para lo cual era necesario proveerle de todo lo que un ser humano necesitaría para esta larga travesía. Era importante por ello que lleve suficiente alimento, bebidas, ropa, acompañantes, animales y otros objetos útiles, todo esto de acuerdo a la investidura e importancia del difunto. 
Cabe destacar además que muchas veces en la parafernalia funeraria, se incorporaban elementos simbólicos que podrían proteger o auxiliar al individuo. (Vargas, 2014). También es preciso recordar que cada sociedad posee sus propias ceremonias, ritos y prácticas funerarias, lo cual repercute en el tratado del cuerpo del difunto. Las prácticas y las ceremonias funerarias llevadas a cabo debido a la muerte de cualquier individuo, sea cual sea su escala social, implican una serie de decisiones, inversión de esfuerzo y trabajo, y sobre todo la existencia de un orden ideológico establecido y materializado, entrando en juego factores de status, función, sexo, edad, lugar y circunstancia. Es así que la importancia arqueológica de los contextos funerarios radica en que ponen de manifiesto la estructura social existente al momento de la muerte de la persona y/o personas enterradas, teniéndose en cuenta de que su hallazgo es solamente un episodio de toda una secuencia de actividades rituales iniciada tiempo atrás, y continuada después de la sepultura del cuerpo. No obstante, es innegable que la tumba por sí misma es una valiosa fuente de información debido a su carácter intencional, cada elemento asociado a ella debió pasar por un proceso de selección; la forma y disposición en que dichos elementos fueron ubicados dentro del sepulcro fue consecuencia de decisiones pensadas y establecidas con un fin concreto, formando parte de un lenguaje ideológico compartido por un conjunto de personas que de uno u otro modo tuvieron algún tipo de relación con el individuo enterrado (DeMarais et al. 1996).

Según Saxe (1970) los contextos funerarios excavados, no son meramente individuos enterrados, sino que cada uno de ellos contiene una coherente personalidad social, la cual no sólo está vinculada y relacionada con otras personalidades sociales, sino que ésta fue construida según reglas y normas estructurales dictadas por un sistema social mayor. Para estudiar y entender estos contextos Binford (1971) considera que existen dos componentes esenciales: el primero es la personalidad social del fallecido, la cual debe ser una composición de las identidades sociales mantenidas en vida y reconocidas al momento de la muerte. Estas facetas de la personalidad social son simbólicamente representadas en el rito funerario, los objetos colocados en la tumba llegan a ser elementos de juicio que pueden indicar identidades sociales tales como sexo (a través de artefactos masculinos, femeninos), edad (artefactos de posición cíclica de vida), cualidades personales y status (características, calidad y cantidad de artefactos y ofrendas), religión (tótems, símbolos), entre otros. Asimismo, la diversidad en la forma del tratamiento funerario puede reflejar diferencias entre personalidades sociales dentro de un grupo, o diferencias entre varios grupos. El segundo componente considerado por Binford (1971) es la composición y tamaño de la unidad social involucrada; la forma del rito funerario, el lugar donde se desarrolle y la cantidad de personas incluidas en las actividades fúnebres están determinados por la relevancia de la personalidad social. En este punto podemos aportar que dicha personalidad social puede ser la del individuo enterrado o bien de la persona o grupo de personas relacionadas e interesadas en la organización de este evento. Mientras mayor sea el grado de importancia, rango y status de dicho personaje o personajes, mayor será el número de personas involucradas en los actos fúnebres, así como mayor será el grado de alteración de las diligencias cotidianas de la comunidad; y viceversa. Sin embargo, el mismo Binford (1971) considera que en muchos casos la complejidad de las prácticas funerarias está condicionada no tanto por la posición social del individuo enterrado, sino por la complejidad de las características organizacionales de la sociedad misma.
Asimismo, Castillo (2000:104) afirma que “la forma que toma el tratamiento funerario, en cada caso está condicionada y determinada por factores económicosy sociales, por el costo que los deudos pueden asumir, por las funciones que el difunto tuvo en la vida (…) por sanciones culturales que dictan los usos y costumbres adecuados”.
Las prácticas funerarias identificadas en Pallka, ha permitido entender un sistema de creencias y representaciones colectivas de identidad y cohesión de grupos locales, al afirmar sus derechos sobre determinados espacios, afianzados en una ideología mantenida, difundida y justificada, cuya finalidad era asegurar la producción agrícola a través de oráculos basados en atentas observaciones astronómicas y ambientales, así como precisos cálculos de calendario. El hombre andino siempre estuvo ligado a la observación de los fenómenos naturales, y a través de ésta podía reconocer su entorno, y al reconocerlo, entenderlo y luego buscar en ellos sus atributos o poderes inherentes. Los sabios o dirigentes fueron desarrollando una estructura social que se hizo compleja cuando el pensamiento colectivo los fue transformando en dioses o deidades, e iban descubriendo herramientas para poder interactuar con estas fuerzas. Así, aparece la magia con el rito y las sociedades iban creciendo e interactuando entre ellas: intercambiaban alimentos, objetos y también ideologías; las cuales fueron expresadas en imágenes o símbolos convencionales plasmados en objetos de diversos materiales, permitiendo de esa forma que sus ideas se perennicen en el grupo. (Vargas, 2014).
                                                                                                CONCLUSIONES

1.- El tratamiento fúnebre que recibieron los individuos, registrados en la arquitectura funeraria, de la unidad de excavación 14, en el sector III, del sitio arqueológico Pallka, revela ciertos aspectos acerca de la concepción ideológica y política que tuvieron los vivos en torno a la muerte, los mismos que se ven complementados con ritos y prácticas funerarias, ya que es la necesidad de darle un carácter social y religiosos a un hecho biológico, porque la muerte de un individuo también afecta el orden social y político de un grupo social.  
2.- Los individuos enterrados en el sector III, del sitio arqueológico Pallka, corresponden a entierros primarios, los que se ubican en los corredores, mientras que las cabezas enterradas en la cámara principal, corresponden a entierros secundarios, que fueron trasladados exclusivamente para ser enterrados juntos lo cual se trataría de un clan familiar, que administraron las diferentes áreas del valle de Casma, con ayuda de una ideología muy difundida, mantenida y justificada durante el Horizonte Medio (700 – 1100 d C).
3.- El análisis de los materiales recuperados en las excavaciones nos indican la presencia de los restos malacológicos, restos botánicos y camélidos lo que nos revela que los habitantes de estos territorios tuvieron una dieta complementaria y balanceada, para lo cual debieron tener acceso a diferentes nichos ecológicos.
4.- La presencia de restos óseos de camélidos, permitieron reafirmar que estos formaron parte indispensable dentro de las ofrendas hacia personajes importantes, lo que lleva a inferir que los restos óseos humanos encontrados, serían élites locales que promovieron una intensa interacción e integración regional, legitimados en tradiciones culturales locales y creencias ideológicas foráneas, las que el control económico interzonal ocurrido en el valle de Casma durante el Horizonte Medio. 


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

BINFORD, Lewis
1971 “Mortuary practices: Their study and potential” en: Brown, J (Ed.). “Approaches to the social dimensions of mortuary practices”. Memoirs of the Society for American Archaeology N° 25. Pp. (6 – 29).

CARRIÓN, Rebeca
2005 La religión en el antiguo Perú. Instituto Nacional de Cultura. Lima.

CASTILLO, Luis.
2000 “Los rituales mochica de la muerte”. En: Los dioses del antiguo Perú. Pp.103-136. Colección Arte y Tesoros del Perú. Banco de Crédito del Perú. Lima.

CHÁVEZ, Jack
2011 “Pallka, un sitio del Periodo Formativo en la parte media alta del valle de Casma: alcances preliminares sobre las etapas constructivas del Área Ceremonial”. En: Arqueología de la Costa de Ancash. M. Giersz e I. Ghezzi (Eds.). Pp. 97-112. Universidad de Varsovia e Instituto Francés de Estudios Andinos. Lima.

DeMARAIS, Elizabeth, Luis Jaime Castillo y Timothy Earle
 1996 “Ideology, materialization, and power strategies”. En: Current Anthropology N° 37 (1). Pp. 15-31. Wenner-Gren Foundation for Anthropological Research.

SUÁREZ, Mónica
2008 “Investigaciones arqueológicas en Pallka, valle medio del Río Casma, Ancash”.  Supay. Revista de Humanidades y Ciencias del Hombre N° 6. Pp.25-37. Universidad Nacional Federico Villarreal. Lima.

SAXE, Arthur.
1970 Social Dimensions of Mortuary Practices. Ph. D. dissertatión. University of Michigan, Ann Arbor.

VARGAS, Wilo
2014 La máscara del cangrejo fantasma. Publicación periodística del diario la Industria de Trujillo de fecha 16 de noviembre. Trujillo.  

TELLO, Julio
1956 Arqueología del valle de Casma. Culturas: Chavín, Santa o Huaylas Yunga, y Sub-Chimú. Informe de los trabajos de la Expedición Arqueológica al Marañón de 1937. Publicación Antropológica del Archivo Julio C. Tello de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Lima.

martes, 25 de abril de 2017

Lambayeque: Pomac y el poder de Sicán

David Roca Basadre / Revista Rumbos

La quietud del bosque en medio del desierto, donde reinan ancianos algarrobos y sus retoños de edades y formas diversas y brilla la corte de zapotes, faiques y palo verdes, es el escenario magnífico donde dormitan las huellas del antiguo reino teocrático de Sicán, en forma de grandes pirámides truncas que han resistido quinientos años de huaqueo y abandono.
Sin embargo son capaces, a pesar de todo, de darnos aún pruebas de aciago poderío y grandeza: durante casi trescientos años, a fines del primer milenio d.C., los Sicán hicieron de su poder terrible la fuerza predominante e influyente de un amplio territorio que abarcaba desde el sur del Ecuador, hasta los linderos de Pachacamac y Ancón. 
Son aproximadamente seis mil hectáreas las que cubre el Santuario Histórico Bosque de Pomac, el bosque seco más grande de América y probablemente del mundo, conjunto de especies de flora y fauna adaptada al clima excepcionalmente seco del desierto costeño, que vive del contacto hallado del agua subterránea por la fuerza de sus raíces y propiciador de una fauna sorprendente por su variedad.

Batan Grande es el complejo arquitectónico más grande  la cultura Sicán
El Santuario Histórico Bosque de Pomac es testigo excepcional y espléndido de la maravillosa simbiosis entre el hombre y el resto de la naturaleza, como quizá no lo hay en otra parte del planeta.

El poder de Sicán
Quizá no un caso único en la rica historia transcurrida en el territorio peruano, poblado de valiosas manifestaciones culturales ignoradas, el recuerdo de Sicán ha tardado en imponerse a los ojos de los peruanos y del mundo.
El gran revelador de la importancia de Sicán, el doctor Izumi Shimada, la caracteriza cronológicamente a partir de los estudios de su cerámica, en tres periodos: Sicán Temprano que habría existido entre los años 700 a 900 d.C., Sicán Medio entre 900 y 1100 d.C y Sicán Tardío entre 1100 y 1350 d.C. 
Es a Sicán Medio, sin embargo, al que debemos atribuirle el aporte más importante y el legado en obras de fina metalurgia, cerámica, técnica depurada y formas de convivencia en la naturaleza, que un modernísimo Museo de Sicán – promovido con intensidad por el doctor Shimada y obtenido gracias a la cooperación japonesa – nos expone didácticamente a pocos kilómetros del bosque donde fueron hallados tales vestigios.  
No los únicos, sin embargo. Puede afirmarse con seguridad que casi el ochenta por ciento de los objetos antiguos labrados en oro y otros metales, provenientes de nuestro territorio, que están en colecciones privadas y museos del Perú y fuera del Perú, y que causan la admiración del mundo por la maestría de nuestros artesanos, provienen de Batán Grande, nombre con el que también se conoce a la extensión donde estuviera el centro del poderío de Sicán, en el hoy Santuario Histórico del Bosque de Pomac.

Las estructuras piramidales truncas son un sello de la cultura Sicán. 
Las pirámides truncas, que eran centros de culto religioso, donde la presencia de muchas tumbas delata cierto probable culto a los antepasados, se combinaban con plataformas públicas. La decoración mural se centra siempre en el personaje central, un dios presentado como un degollador de ojos alados, que porta una cabeza en una mano y un tumi ritual en la otra, el mismo al que temían los mochicas y que ya frecuentaba estas tierras desde muchos siglos antes y al que, luego, asumirán los señores Chimú.
Sicán tiene, sin embargo, su propia personalidad. Es el resultado de la fusión de dos de las principales tradiciones culturales del territorio andino, la herencia Mochica en la costa norte y la influencia Tiahuanaco - Wari de la sierra sur. El resultado es creativo y original.
La visita al Museo de Sicán nos permite apreciar la calidad del trabajo de aquellos artesanos. Donde la exquisita cerámica tan sólo es superada en asombro por el brillo del trabajo metalúrgico. Si bien los objetos de aleación de oro aparecen como más atractivos al visitante, el éxito mayor de su arte residió en la fundición a gran escala de cobre arsenical o bronce arsenical, aleación que ofrece ductilidad superior, dureza y mayor resistencia a la corrosión. Los hornos en que trabajaban sus artesanos requerían mucha mano de obra, materiales, carbón y fuertes corrientes de aire que eran suministradas por la fuerza del pulmón humano. Todo ello ha sido reconstruido para el visitante al Museo, de una manera vívida y didáctica.

Indumentaria Sicán que alberga el Museo de Sitio.
Recreación de las labores orfebres que caracterizarón a Sicán
La magia del bosque
De pie ante el árbol que llaman milenario, anciano algarrobo de casi quinientos años que despliega toda su sabiduría en largas ramas aún no vencidas, y que siguen produciendo abundante fruto, no nos sublevan – sino que nos convencen – el culto y los rezos que los lugareños le rinden. El árbol milenario es el símbolo, junto a algunos otros venerables, de lo que el bosque debió significar siempre y que obviamente refleja la dependencia del hombre con su entorno, al que reconocía como la providencia que le permitía seguir viviendo.
El bosque tiene un árbol emblemático, el algarrobo (Prosopis pallida), presente en toda la zona norte del territorio pero que tiene un punto de concentración aquí en Pomac. Sus raíces se hunden en la tierra hasta alcanzar la napa freática y se ha encontrado alguno que ha llegado a cavar hasta sesenta metros en pos del agua. Los animales comen sus hojas, sus frutos sirven de forraje, pero también para el consumo humano, sobre todo a través del extracto llamado algarrobina. Las flores proveen de excelente néctar para las abejas de los apicultores que se han instalado en la zona y producen miel de buena calidad y sabor, además de abundante polen. Las hojas secas se usan como excelente combustible y sus amplias ramas y hojas dan la sombra necesaria para hacer habitable la aridez del desierto.
Al algarrobo lo acompañan el sapote, segundo en presencia, de menor amplitud pero de grandes virtudes, el faique, el paloverde, arbustos como el vichayo y el cuncuno, además de lomas de cactus. Cada cierto tiempo – aproximadamente una década – aparece El Niño y eso provoca que ocurran lluvias intensas. Como resultado emergen especies herbáceas que componen ricas y efímeras praderas, germinan las semillas de los árboles muchas veces enriquecidas por el abono de los animales luego de consumir los frutos, y todo el bosque se regenera.

El árbol milenario, un añejo algarrobo centinela del Bosque de Pómac
El bosque de Pomac es el principal refugio de una fauna silvestre que se ha adaptado plenamente a este ecosistema, al punto de ser muchas de las especies endémicas. Es el caso del chiroque, la ardilla nuca blanca y otras amenazadas de extinguirse, como la cortarrama, el halcón, el gato montés, el oso hormiguero, el popular huerequeque y otros que sumados alcanzan a ser cuarentiun especies de aves, siete de mamíferos y nueve de reptiles, reconocidos en la actualidad. Se han marchado con la actividad humana y con la pérdida paulatina de contacto con las zonas altoandinas, antes ligadas a través de un corredor biológico, los venados, los pumas, las pavas aliblanca y el cóndor. Impresionante suma de especies animales que el sentido común habitual no puede imaginar en medio del desierto y que los bosques secos logran abrigar.
Sin embargo, los bosques secos han sido objeto de codicia por la calidad de su madera sobre todo y la utilidad de sus hojas y frutos. Mientras que el hombre prehispánico tenía mucho cuidado en el uso de lo que era vital para su sobrevivencia, la llegada de otras visiones del mundo con la conquista y más aceleradamente la búsqueda de combustible en tiempos recientes y hasta el día de hoy, trajeron la devastación de grandes extensiones que fueron utilizadas para leña y carbón de las poblaciones rurales y de las ciudades que iban apareciendo en la costa.
Estos ecosistemas áridos y de lluvias escasas, donde las plantas están sometidas a estrés hídrico casi permanentemente, tienen escasas precipitaciones y una temperatura ambiental de 27° C, como promedio. La rica flora y fauna allí establecida y desarrollada se ha adaptado en sana convivencia con el componente humano que sabe establecer una relación armoniosa con el conjunto, generando una interdependencia de mutuo provecho. Así, son decenas de miles las familias campesinas que tienen como fuente de sustento a los bosques secos y viven al abrigo de estos ecosistemas. De su existencia – y esto lo intuía el hombre prehispánico – depende la regulación del ciclo hídrico de las cuencas costeñas, el control de la erosión y la lucha contra la desertización y el mantenimiento de la calidad del agua.

El bosque de Pómac es hogar de cientos de aves algunas de ellas endémicas de la región